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Universidad Pontificia
de México.
“FÉLIX VARELA Y MORALES, SUS CRITERIOS SOBRE LA FILOSOFÍA Y EL LENGUAJE EN SU MISCELÁNEA FILOSÓFICA”.
Amauri Fco. Gutiérrez Coto.
2.2 Los estudios precedentes
sobre el tema.
4. Los tópicos más importantes que se refieren al
lenguaje en la Miscelánea
Filosófica.
4.1 Lenguaje y lógica de la
inteligencia humana.
4.2. Lenguaje,
pensamiento y realidad.
La investigación histórica sobre las ciencias sociales en Cuba se ha detenido poco en un tema de una importancia capital dentro del la consolidación de la nacionalidad cubana. Si la reforma de la enseñanza emprendida por el P. Varela tuvo un impacto enorme en toda la generación de cubanos que después llevaría adelante la independencia política de España y la docencia en los centros de estudios superiores de la Isla, es imprescindible que se profundice en las raíces filosóficas que le sirvieron de base a su actividad innovadora en el terreno pedagógico. Uno de los aspectos dentro de esa reforma que más impacto objetivo tuvo dentro de los jóvenes lo fue sin dudas la sustitución del latín por el español como lengua usada para los estudios filosóficos.
Lo anterior nos lleva a preguntarnos por los argumentos que esgrimió el P. Varela frente a los partidarios del latín. Los objetivos de la presente tesina son exponer, primeramente, sus criterios filosóficos sobre el lenguaje y ver, a manera de conclusión, cómo esos criterios filosóficos le sirvieron de argumento refutar a los que se oponían a su reforma de la enseñanza.
Escogimos la Miscelánea filosófica porque los autores que han investigado el ideario lingüístico del P. Varela señalan a esta obra como el punto clave de sus criterios filosóficos sobre el lenguaje. Este criterio de selección se vio reforzado por la revisión bibliográfica previa que se realizó en aquellas obras cuyo contenido era eminentemente filosófico.
La importancia de esta obra toca por tanto la historia de nuestras ideas pedagógicas, filosóficas e, incluso, lingüísticas. Por tanto, nos parece imprescindible emprender un estudio más profundo sobre unas de las aristas menos trabajadas de la obra.
La obra tuvo en vida del P. Varela diversas ediciones. Entre la edición de 1816 y la de 1819, por ejemplo, hay variaciones significativas. La Lic. Marta Beatriz González Barranco realizó para la Editorial Pueblo y Educación una investigación sobre este aspecto para hacer una fijación del texto definitivo lo más seria posible. Aquí utilizamos esta última edición preparada porque un estudio más detenido sobre este aspecto sale de los límites de la presente tesina.
Nos consta que el texto del P. Varela fue conocido y citado por los gramáticos más conocidos de la Cuba decimonónica, luego entonces no es nada despreciable recepción real que tuvo en los pequeños círculos intelectuales de su época. Además el hecho de que la obra haya tenido tres ediciones en seis años, las dos últimas de estas importantísimos centros de cultura, Madrid y New York, hablan de una circulación que trasciende las fronteras insulares de una colonia del Caribe.
El origen de las reflexiones contenidas en la Miscelánea..., según nos lo cuenta el propio P. Varela en su introducción, la obra fue un fruto de las animadas que sostenía sobre filosofía con D. Cayetano Sanfeliu. Este discípulo suyo fue también quien le animó a hacerlas públicas. Al final de nuestra tesina ofreceremos, según nuestra opinión, algunas de las razones que movieron al P. Varela a publicar esta obra.
Los estudios sobre el P. Félix Varela sobre los temas filosóficos abundan, no ocurre lo mismo sobre su pensamiento referido al lenguaje. Sus criterios lingüísticos aparecen siempre vinculados a sus reflexiones filosóficas y pedagógicas. Él más que un filósofo propiamente fue un profesor de filosofía. La formación de los jóvenes fue una de las inquietudes que más le urgían. El hombre estaba en el centro de su preocupación; sus afanes independentistas en el terreno político y su labor como educador de la juventud cubana tenía en el hombre su finalidad.
En su afán de educar, se convenció de la importancia que los estudios filosóficos tienen en la formación de la capacidad de pensar del hombre para poder ejercitar plenamente su responsabilidad. Los textos filosóficos del P. Varela tenían una finalidad eminentemente pedagógica y este aspecto es una variable imprescindible para valorar y estudiar el pensamiento que aparece en ellos.
Las limitaciones fundamentales de los estudios monográficos que se le han dedicado al pensamiento lingüístico del P. Varela ignoran el contexto filosófico en el que aparecen enmarcados sus criterios. Pecan, además, de tratar de valorar sus ideas sobre este aspecto específico desde un punto de vista exclusivamente lingüístico, sin tener en cuenta que ese divorcio entre sus criterios sobre el lenguaje y sus criterios filosóficos nunca existió. Estos estudios fueron escritos por investigadores formados dentro de una postura filosófica marxista-leninista y, en la década de los años ochenta, estudiar un el pensamiento de un clérigo suponía hallar en el una cierta militancia con las ideas hegemónicas de la época. El mérito fundamental de estos estudios ha sido reconocer el lugar protagónico de la figura del P. Varela dentro de la historia de las ideas lingüísticas en Cuba.
El primer y único de los estudios dedicados íntegramente al tema, pues los otros dos solo tocan la ideas del P. Varela dentro de un conjunto más amplio, es el de Luis Álvarez Álvarez, titulado “Félix Varela: criterios lingüísticos”, que fue publicado en 1978[1]. Aquí aparece comentada la Miscelánea... en lo referido a sus reflexiones sobre cuál es la lengua idónea para expresar lógicamente y de una forma precisa el pensamiento[2]. Este autor subraya un aspecto de singular importancia y es que el interés del P. Varela por el lenguaje tiene la finalidad de completar sus disquisiciones sobre la lógica[3].
Al comentar las diferencias introducidas en la edición de 1819 con respecto a la de 1816 en materia de lenguaje, el P. Varela abunda en el problema de la función y el origen del lenguaje, sobre este tema en particular Luis Álvarez Álvarez comenta:
“Varela considera la función
del lenguaje desde una posición esencialmente logicista –regida en más de un
sentido por el concepto de ideología elaborado por Destutt de Tracy en sus Eléments d’idéologie -, y encuentra que esta función consiste en
ser recipiente expresivo del pensamiento lógico.”[4]
En resumen, las
influencias que este autor le señala al P. Varela son las de Locke,
Condillac y Destutt de Tracy.
El segundo estudio es el de Mercedes Dubed Echevarría, titulado “La lingüística cubana en la primera mitad del siglo XIX”, que fue publicado en 1982[5]. Este ensayo hace un primer acercamiento historiográfico a las obras gramaticales en Cuba. Para la presente aproximación, nos interesan sobre todo los datos que aquí ofrece sobre las influencias filosóficas y sobre la repercusión de estas últimas en su método de estudiar el lenguaje que tenían los gramáticos contemporáneos al P. Varela. También aparecen otros datos sumamente valiosos sobre la importancia de la Miscelánea... en la divulgación de las corrientes dentro de los círculos intelectuales de la Habana de entonces y especialmente en aquellos que escribieron las primeras gramáticas que se conservan hasta hoy.
Una de estas primeros estudios de gramática se titula Principios analíticos de la gramática general aplicados a la lengua castellana y apareció en 1838[6]. La pretensión racionalista de hallar una filosofía analítica que, en analogía con las matemáticas, le permitiera a los filósofos llegar a ideas claras y distintas en sentido cartesiano le proporcionó a los estudiosos del lenguaje una metodología para enfrentar la investigación en el tema. Los posibles hallazgos en términos de investigación lingüística de Juan Justo Reyes no nos interesan, lo que sí nos llama la atención es esa pretensión de este intelectual cubano que supone un conocimiento de las corrientes filosóficas europeas en boga y, específicamente, de esta nueva lógica a lo Port-Royal. En este mismo ensayo, a esta obra se le señalan otras influencias que nos parece útil subrayar para poder encontrar más claramente las convergencias con las ideas del P. Varela en materia de filosofía y lenguaje, sobre la referida gramática se dice:
“Las lecturas de los ideólogos y de aquellos que ejercieron su
influencia sobre estos, se manifiestan en la Introducción y en las Definiciones
y principios generales que
presiden la gramática.”[7]
Más adelante, sobre “aquellos que ejercieron su influencia sobre estos”, podemos encontrar otra interesante reflexión:
“La herencia de Descartes, de Leibniz, de los ideólogos, está contenida
en la concepción de la gramática general de Port Royal; dicha gramática tiene
siempre presente la lógica como análisis del pensamiento, del discurso y como
instrumento para encontrar las categorías gramaticales universales.”[8]
Sobre la convergencia de opiniones en la relación entre filosofía y lenguaje de Juan Justo Reyes y el P. Félix Varela, la autora hace la siguiente comparación:
“Si revisamos la Miscelánea filosófica de Varela, encontraremos explicaciones sobre problemas del lenguaje comunes a Juan Justo Reyes. Ambos son partidarios del mismo sensualismo francés.
Confróntese estas ideas: "el lenguaje no es más que la pintura o
representación de las operaciones intelectuales” (sic en el original) (Juan
Justo Reyes); “...es la reunión de signos convencionales de que nos servimos
para manifestar nuestros pensamientos...” (sic en el original) (Juan Justo
Reyes). Miremos ahora estas: “Todas nuestras ideas se revisten de un signo y
careciendo de él serían inconstantes, por no decir imposibles...” (Varela)
“...No sucede lo mismo con las palabras: “ellas son el fruto de un convenio, y
forman el lenguaje artificial...” (Varela).
Ambos convienen en la consideración del lenguaje como conjunto de
signos o representaciones materiales del pensamiento, reconociendo su
convencionalidad, es decir el carácter social. En un clima de época que se
transmite de un filósofo a otro, podemos observar expresiones similares. Veamos
las ideas de Rousseau (cuya lectura estaba prohibida en Cuba por sus ideas
revolucionarias), quien fuera uno de los inspiradores del “contrato social”:
“... En cuanto a las ideas de los hombres comenzaron a extenderse y a
multiplicarse, y se estableció entre ellos comunicación más estrecha, buscaron
signos más numerosos y un lenguaje más extenso... se imaginó por fin,
sustituirle con articulaciones de la voz, sin tener la misma relación con
ciertas ideas, son más a propósito para representarlas todas como signos
instituidos."
Encontramos en la trilogía confrontada, Rousseau-Varela-Juan Justo
Reyes, una misma concepción del origen del lenguaje; de las interjecciones (o
gritos) a los que se agregaron gestos, hasta llegar a la voz articulada.”[9]
De la anterior reflexión, podemos sacar tres ideas importantes para delinear el pensamiento filosófico del P. Varela en materia de lenguaje, según es autora; ellas son: las ideas no pueden aparecer sin el lenguaje, el lenguaje es fruto de una convención adoptada por la comunidad de hablantes y este último aspecto determinó el origen del lenguaje en el hombre. Más que una coincidencia entre estas tres figuras, hay que hablar de una influencia de Rousseau en el P. Varela y de este en Juan Justo Reyes que escribe su obra veinte y dos años después de que apareció publicada la Miscelánea...
La otra obra gramatical que conocemos hasta hoy de la primera mitad del siglo XIX fue escrita por Joaquín Andrés de Dueñas y Córdoba[10]. Aquí si encontramos un nexo explícito entre la obra del P. Varela y la de Dueñas. Sobre este punto de contacto, la investigadora que comentamos nos dice:
“Dueñas encabeza su obra con una cita de Varela en su Miscelánea Filosófica, donde se muestra a favor de un uso correcto del lenguaje y de un estudio de la gramática con “las luzes de la filosofía” (sic en el original). El autor, en su Introducción, aboga por una gramática particular basada en la general y en una sana lógica. Creemos que no será necesario insistir en estos supuestos que se basan en la gramática general preconizada en el siglo XVIII y llegaron a nosotros fundamentalmente por los ideólogos y sus antecesores.”[11]
El último de estos tres estudios es el de Rodolfo Alpízar Castillo, titulado “Apuntes para la historia de la lingüística en Cuba”, que fue publicado en 1989[12]. En este acápite su autor le dedica la mitad de la parte sobre el siglo XIX a la polémica entre el P. Gabriel Laguardia, escolapio, y los PP. Joaquín Pluma y Félix Varela sobre algunas cuestiones muy específicas de la enseñanza de la lengua española en Cuba. Allí vuelven a aparecer algunos de los mismos tópicos varelianos sobre el tema que abordan los dos autores anteriores: el origen del lenguaje, la lógica de las diversas lenguas, la relación entre el pensamiento y la palabra, las dificultades de los jóvenes para aprender latín, la relación lenguaje y realidad, entre otros.
Detengámonos ahora brevemente en las nociones filosóficas básicas que toma el P. Varela de las tres influencias que le señala la bibliografía especializada sobre el tema. Nos referimos obviamente a John Lock, Condillac y los ideólogos franceses.
La relación entre el lenguaje y las ideas tiene una larga historia dentro de la filosofía. Nunca, a lo largo de la tradición filosófica, han sido de poca importancia las cuestiones sobre el lenguaje, aunque han sido más bien tratadas de forma puntual y aislada; así sucede, por ejemplo, en la cuestión de la relación entre las cosas y su nombre, planteada en los comienzos de la filosofía en el diálogo Cratilo, de Platón[13]; la misma teoría de la verdad por adecuación, de Aristóteles, la cuestión de los universales, estudiada por los lógicos medievales, y los tratados escolásticos acerca del significado[14] hasta los planteamientos, ya más fundamentales, del siglo XVII, cuando con el racionalismo de Descartes y la Lógica de Port-Royal, escrita por Antoine Arnauld y Pierre Nicole, se desarrolla una teoría del conocimiento que hace de las ideas las representaciones de las cosas (la llamada teoría del espejo o del reflejo: las ideas son el reflejo de la realidad), de la que el empirismo, por obra sobre todo de Locke, extrae una primera teoría semiótica que interpreta que las palabras son los signos de las ideas[15]. Esto último autor tuvo una profunda influencia en la configuración del modo vareliano de concebir los nexos entre la palabra y la realidad cuya representación es la idea que conoce el pensamiento.
Antes de pasar a comentar cómo Locke, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, como buen empirista, concibe la relación entre el nombre, léase el signo o la palabra, y la sustancia, es decir lo que las cosas son en realidad, conviene esclarecer su noción de sustancia:
“De manera que si alguien se propone examinarse a sí mismo respecto a su noción de la pura sustancia en general, encontrará que no tiene acerca de ella ninguna otra idea, sino una mera suposición de no saber qué es el soporte de aquellas cualidades que son capaces de producir ideas simples en nosotros; cualidades que normalmente son llamadas accidentales. Si se pregunta a alguien cuál es el sujeto para el que el color o el peso son inherentes, no podrá responder sino que son las partes sólidas y extensas; y si se le pregunta qué es aquello a lo que la solidez y la extensión son inherentes, no estará en mejor situación que la del indio antes mencionado, que al decir que al mundo lo soportaba un gran elefante, le fue preguntado que en qué se apoyaba, a su vez, dicho elefante. A ello respondió que se apoyaba en una gran tortuga; pero como insistió en preguntarle sobre qué se apoyaba esta tortuga de esas espaldas tan grandes, respondió que era en algo que él no sabía. Lo mismo ocurre en el asunto del que nos estamos ocupando, que en todos los demás casos en los que se emplean palabras sin tener unas ideas claras y distintas; entonces hablamos como niños que, al ser preguntados qué es tal o cual cosa que desconocen, dan de inmediato esta respuesta satisfactoria: que es «algo», lo que en verdad no significa, cuando se emplea de esta manera bien por lo niños o por los hombres, sino que no saben qué cosa es, y aunque aquello sobre lo que dicen tener algún conocimiento y de lo que hablan, es algo de lo que no tienen ninguna idea distinta, de manera que están respecto a ello en una ignorancia total y en una oscuridad absoluta. Por tanto, la idea que tenemos y a la que damos el nombre de sustancia, como no es nada sino el supuesto soporte, pero desconocido, de aquellas cualidades que encontramos que existen, y de las que imaginamos que no pueden subsistir sine re substante, sin nada que las soporte, denominamos a este soporte sustancia; la cual, según el verdadero sentido de la palabra, significa, en nuestro idioma, lo que está debajo o lo que soporta.”[16]
En resumen, para Locke la sustancia no es más que la idea que tenemos nosotros de ese “algo” que es el soporte de las cualidades y la idea es un reflejo de la realidad como ya apuntamos anteriormente. Luego entonces la sustancia no será más que una idea la cual obviamente tenemos que representar a través de un nombre. Ahora sí podemos pasar a ver cómo logra Locke hacer una distinción entre el lenguaje y la realidad:
“Los nombres comunes de las sustancias, al igual que los demás términos generales, significan clases: lo que no es sino el ser signos de ideas complejas tales que en ellas se conformen o puedan conformarse varias sustancias particulares, en virtud de lo cual son capaces de quedar comprendidas en una concepción común, y de ser significadas por un nombre. [...]
Es eso que llamamos esencia,
que no es sino la idea abstracta a la cual va anejo un nombre, de manera que
todo cuanto esté contenido en esa idea es lo esencial a esa clase. Ésta, aunque
sea toda la esencia de las sustancias naturales de que tenemos noticia, o por
la cual las distinguimos en clases, la llamo, a pesar de eso, por un nombre
peculiar, a saber: la esencia nominal, a fin de distinguirla de aquella
constitución real de las sustancias, de la cual dependen esa esencia nominal y
todas las propiedades de esa clase o especie, la cual, por tanto, según se ha
dicho, puede llamarse la esencia real. Por ejemplo, la esencia nominal del oro
es esa idea compleja significada por la palabra oro, o por decir, un cuerpo
amarillo, de un cierto peso, maleable, fusible y fijo; pero la esencia real es
la constitución de las partes insensibles de ese cuerpo, de la cual dependen
esas cualidades y todas las demás propiedades del oro. Fácil es descubrir a
primera vista que se trata de dos cosas bien diferentes, a pesar de que ambas
se llamen esencias.”[17]
(Breve reflexión y resumen de las ideas de Locke sobre este punto e introducción de las ideas de Varela, resumen de las ideas de Varela y comparación entre las dos posturas. Tratar de señalar los límites de la influencia de Locke en Varela.)
Estos problemas sobre el lenguaje son ejemplos concretos de una actitud filosófica general y tradicional, que lo considera como instrumento y vehículo de comunicación y de conocimiento. Existe, no obstante, otra tradición filosófica, surgida principalmente en los siglos XVIII y XIX en Alemania, que supera el concepto instrumental del lenguaje y ve en él una fuente de conocimiento de la realidad y de lo que es el hombre. Esta concepción se basa en las investigaciones lingüísticas inspiradas en la Ilustración y en el romanticismo alemán de J.G. Herder y Karl Wilhem von Humboldt, sobre todo, para quienes el lenguaje no es un mero producto u obra del hombre (un ergon), sino una energía (enérgeia) del espíritu, donde se encarna la concepción del mundo propia de una nación, y modela y domina la subjetividad del individuo; se produce aquí no sólo el comienzo de los estudios de lingüística histórica y comparada, sino, desde el punto de vista filosófico, el salto de perspectiva según el cual el lenguaje deja de ser un simple objeto (de estudio) y se convierte en un elemento estructurador de lo que es el hombre y a la vez realidad primaria en la que el hombre se halla inmerso y anterior a él, de manera que la comprensión que el hombre alcanza del mundo y de sí mismo no puede hacerse sino por medio del lenguaje.
En general, la filosofía del lenguaje toma en consideración tres realidades básicas fundamentales: los hablantes, el lenguaje y el mundo, y su objetivo es clarificar las relaciones que rigen entre ellos[18]. Tres maneras de enfocar las diversas cuestiones que suscita este intento de clarificación han dado lugar a tres corrientes fundamentales contemporáneas de filosofía del lenguaje: la de la filosofía analítica, con sus dos vertientes, formalista y del lenguaje ordinario, la de la hermenéutica y la del estructuralismo.
sus lecturas de Locke y Condillac, surgió su filosofía, que él llama «ideología», que entiende como análisis de las ideas y como reducción de éstas a sus sensaciones, identificando «pensamiento» con «sensación». Consideró a la ideología parte de la zoología y mantuvo puntos de vista antirreligiosos.
John Locke: esencia nominal y esencia real Condillac, la estatua de HIST.
Metáfora con que Condillac, en su Tratado de las sensaciones (1754), explica su método de reducir a sensaciones, no sólo los conocimientos, sino todo lo que el hombre es (ver texto ). Considera al hombre como si fuera una estatua de mármol, sólo animada por un espíritu carente de toda idea, a la que se le va abriendo sucesivamente sentido tras sentido -dando especial importancia al del tacto-, mientras analiza paso a paso cada nueva noción adquirida, y todos los deseos, intereses y conocimientos que van surgiendo, hasta la constitución de un hombre dotado de plena experiencia.Ya en su tiempo se le criticó a Condillac por falta de originalidad en la idea, que parecen haber utilizado antes que él, al menos en forma parecida, Buffon y Diderot.
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Condillac: metáfora de la estatua
He olvidado prevenir al lector acerca de algo que hubiera debido decir, y quizá repetir, en diversos lugares de esta obra; pero espero que la confesión de este olvido compense las repeticiones sin tener sus inconvenientes. Advierto, pues, que es muy importante colocarse exactamente en el lugar de la estatua que vamos a observar. Es preciso comenzar a existir con ella, no tener más que un solo sentido cuando ella sólo tiene uno, no contraer sino los hábitos que ella contrae; en una palabra, es preciso ser sólo lo que ella es. La estatua juzgará las cosas como nosotros sólo cuando tenga todos nuestros sentidos y toda nuestra experiencia, y nosotros juzgaremos con ella sólo cuando supongamos que estamos privados de todo lo que le falta. [...]
Para cumplir con este objeto, imaginamos una estatua organizada interiormente como nosotros y animada por un espíritu privado de toda clase de ideas. Supusimos, además, que el exterior de mármol no le permitiría el uso de ninguno de sus sentidos, y nos reservamos la libertad de despertarlos, según nos pluguiera, a las diferentes impresiones de que son susceptibles.
Creímos conveniente comenzar por el olfato, pues de todos los sentidos es el que parece contribuir menos a los conocimientos del espíritu humano. Los demás fueron luego objeto de nuestras investigaciones posteriores y, después de haberlos estudiado separada y conjuntamente, vimos que la estatua se convertía en un animal capaz de velar por su propia conservación. [...]
La estatua, limitada al olfato, no puede conocer más que olores.
-1. Los conocimientos de nuestra estatua, limitada al sentido del olfato, sólo pueden extenderse a los olores. No puede concebir las ideas de extensión, de figura ni de nada que esté fuera de ella o fuera de sus sensaciones, ni tampoco las ideas de color, de sonido o de sabor.
Con relación a sí misma, la estatua no es más que olores.
-2. Si le presentamos una rosa, nuestra estatua es, con relación a nosotros, una estatua que huele una rosa, pero con relación a sí misma no es más que el olor de esa flor.
En consecuencia, es olor de rosa, de clavel, de jazmín, de violeta, conforme a los objetos que actúen sobre su órgano. En una palabra los olores sólo son para ella sus propias modificaciones o maneras de ser, y nuestra estatua no podría creer que es otra cosa, ya que éstas son las únicas sensaciones de que es susceptible.
No tiene ninguna idea de materia.
-3. Que los filósofos a quienes parece tan evidente que todo es material se coloquen, por un momento, en lugar de la estatua e imaginen cómo podrían sospechar que existe algo que se parezca a lo que llamamos materia.
No es posible mayor imitación en los conocimientos.
-4. Por consiguiente, podemos estar convencidos de que bastaría aumentar o disminuir el número de sentidos para que formuláramos juicios enteramente diferentes de los que hoy nos parecen tan naturales; y nuestra estatua, limitada al olfato, nos permite formarnos una idea de la clase de seres cuyos conocimientos son los menos extensos de todos.
Tratado de las sensaciones, Eudeba, Buenos Aires 1963, p. 60-68.
: la idea de sustancia
Textos de Diccionario Herder de filosofía John Locke: la mente, tabla rasa
Supongamos, pues, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpio de toda instrucción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega entonces a tenerla? ¿De dónde se hace la mente con esa prodigiosa cantidad que la imaginación ilimitada y activa del hombre ha grabado en ella, con una variedad casi infinita? A estas preguntas contesto con una sola palabra: de la experiencia.
Ensayo sobre el entendimiento humano, cap. 1, 2 (Editora Nacional, Madrid 1980, vol., 1, p. 164).
John Locke: las ideas generales
Aquel que piense que las naturalezas generales o nociones son otra cosa que semejantes ideas abstractas y parciales de otras más complejas, tomadas en principio de otras existencias particulares, me temo que tenga bastante dificultad para encontrarlas. Pues que me expliquen razonadamente en qué difiere la idea de hombre de la de Pedro o Pablo, o la idea de caballo de la de Bucéfalo, si no es en haberse dejado fuera lo peculiar de cada individuo, y en mantener la parte de esas ideas complejas particulares de las otras existencias particulares con las que ellas coinciden.
Ensayo sobre el entendimiento humano, l.3, cap. 3, n. 9 (Editora Nacional, Madrid 1980, vol. 2, p. 620).
Textos de Diccionario Herder de filosofía John Locke: los dos orígenes de las ideas
El entendimiento no conoce ninguna idea que no sea de las que recibe de uno de esos dos orígenes: «los objetos externos dotan a la mente de ideas y cualidades sensibles», que son todas esas percepciones distintas que se producen en nosotros; «y la mente dota al entendimiento con ideas de sus propias operaciones».
Ensayo sobre el entendimiento humano, l.2, cap. 2, 5 (Editora Nacional,
Madrid 1980, vol.1, p. 166).
Textos de Diccionario Herder de filosofía John Locke: origen de las ideas
Supongamos, pues, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpio de toda instrucción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega entonces a tenerla? [...] ¿De dónde extrae todo ese material de la razón y del conocimiento? A estas preguntas contesto con una sola palabra: de la experiencia; he aquí el fundamento de todo nuestro saber, y de donde en última instancia se deriva: «las observaciones que hacemos sobre los objetos sensibles externos, o sobre las operaciones internas de nuestra mente, las cuales percibimos, y sobre las que reflexionamos nosotros mismos, son las que proveen a nuestro entendimiento de todos los materiales del pensar». Estas son las dos fuentes de conocimiento de donde parten todas las ideas que tenemos o que podemos tener de manera natural.
Ensayo sobre el entendimiento humano, l.2, cap. 1, 2 (Editora Nacional, Madrid 1980, vol.1, p. 164).
Textos de Diccionario Herder de filosofía
Resulta sumamente interesante las ideas del P. Varela sobre
el correspondencia de las categorías gramaticales con nociones procedentes de
la lógica. En un texto caso contemporáneo con la Miscelánea
Filosófica en una
polémica sobre la educación de 1817 aclara este punto cuando dice:
“...sustantivo no es, sino un nombre que significa una sustancia, y
adjetivo el que significa una propiedad. Esta definición es la menos mala que
hemos podido discurrir.”[19]
Ese “discurrir”
del que nos habla supone que hay cierta originalidad dentro de su pensamiento
al respecto. Además, al calificar su definición como la “menos mala”, se
ve que tenía la certeza de que no era muy preciso en su afirmación.
La categoría
gramatical sustantivo hace referencia a una función de una palabra determinada
dentro de una oración y, en cambio, la sustancia hace referencia en cuanto a la
lógica a una noción del pensamiento del hombre y en cuanto a la metafísica a un
modo de ser muy concreto de los entes. La sustancia, en su sentido lógico, hace
referencia a una noción de pensamiento y, en su sentido ontológico. Lo anterior
nos puede llevar a pensar que al expresar el P. Varela esta correspondencia
entre el sustantivo y la sustancia busca expresar también los nexos entre el
pensamiento y el lenguaje y entre este último y la realidad. Se trata de uno de
los principales problemas que aborda la filosofía del lenguaje.
Confundir el
lenguaje como medio de comunicación y la gramática, o conjunto de leyes que lo
forman, con la gramática del pensamiento o lógica puede llevar a una postura
muy similar a la de los nominalistas. Recordemos que la lógica de Occam (su
importante Summa logicae) trata de los términos en cuanto forman
parte de un sistema de signos lingüísticos. Divide el signo en escrito
(scriptus), que puede distinguirse también como vox, oral (prolatus) y mental
(conceptus). El concepto es el signo mental (intentio) que remite a las cosas
existentes; sólo él es universal, por naturaleza, porque puede representar a
una pluralidad de individuos. En cambio, los términos escritos o hablados, que
son convencionales, no pueden ser naturalmente universales. Su referencia a los
objetos individuales es su significado. El significado lo explica mediante la
suppositio, «suposición», la capacidad del signo para ocupar el lugar de un
objeto o de una colección de objetos. La suposición es personal, si un término ocupa
el lugar del individuo: «mi amigo del alma»; es simple, si ocupa el lugar de
muchos, siendo entonces propiamente una intentio de la mente (que posee esta
capacidad de elaborar signos naturales), como «todos los hombres son hermanos»,
y material, si el término se refiere a sí mismo, como «hombre es bisílabo».
La categoría
gramatical verbo también aparece relacionada por él con una que le corresponde
en la lógica, en este caso, se trata de una combinación de las categorías
lógicas de acción y propiedad. Detengámonos en sus criterios al respecto:
“Yo creo que el verbo es la palabra que expresa la acción, y aunque,
como dicen los gramáticos, exceptuando el verbo ser, todos los otros son
adjetivos, pues indican la acción con alguna propiedad determinada a una
especie, sin embargo, me parece que la expresión de un atributo es un verbo,
pues entonces todos los nombres adjetivos serían verbos. Bien sé que en todos
puede formarse un giro de palabras que envuelvan un verbo.”[20]
Añadir aquí la
reflexión pertinente....
Otra cuestión
fundamental de la relación entre el pensamiento y el lenguaje es si pueden
existir uno independiente del otro. Esa cuestión tiene una enorme importancia
antropológica porque si el pensamiento no es posible sin el lenguaje, y el
hombre no habría podido llegar a ser hombre sin el pensamiento, entonces el
hombre no hubiera podido llegar a ser hombre sin el lenguaje. Sobre este
aspecto en particular el P. Varela dice:
“Todas nuestras ideas se revisten de un signo y careciendo de él serían
inconstantes por no decir imposibles. La experiencia confirma esta verdad; pues
no podemos presentar cosa alguna sin presentarnos un signo.”[21]
No opta por una
dependencia absoluta entre el pensamiento y el lenguaje pues utiliza la palabra
“inconstantes” en lugar de “imposibles” para calificar a los
pensamientos sin el soporte del lenguaje. Aquí se aprecia más bien un cierto
cuidado al tocar un tema tan espinoso para la época.
La primera pregunta que salta a la vista es la siguiente: ¿por qué un profesor de filosofía convencido de la necesidad de una reforma de la enseñanza se interesa tanto por las cuestiones del lenguaje?.
Antes de responder al anterior cuestión es preciso recordar algunos de los presupuestos ignorados por muchos de los estudiosos del pensamiento filosófico del P. Varela. Estamos frente a un maestro que busca una reforma de la enseñanza. Ese cambio debía tener un substrato filosófico. Si se quería cambiar el idioma en el que se hacían los estudios de filosofía en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, se debían refutar primero los criterios en los cuales se sustentaban por aquellos que eran partidarios de la enseñanza del latín y del griego como las lenguas de la cultura. ¿Cuáles eran los argumentos de los que se oponían a la sustitución del latín por el español propuesto dentro de la renovación vareliana de la enseñanza en Cuba? El argumento fundamental es que el latín es una lengua más precisa y más lógica que la española. Este criterio lo podemos escuchar todavía hoy e incluso muchos manuales de filosofía aristotélico-tomista lo siguen cuando prefieren citar los originales en latín para buscar una precisión que no logran pues no especifican las diferencias de matices entre la definición en latín y la española. Estos fueron los mitos sobre la superioridad del latín como lengua de filosofía que debió enfrentar el P. Varela en su época y a la luz de este presupuesto debemos valorar su pensamiento filosófico sobre el lenguaje.
Lo que importa de este empeño del P. Varela en demostrar que “ningún lenguaje puede llenar las vastas miras de la ideología” es refutar la superioridad de las lenguas griega y latina para enseñar la filosofía. Si la lengua es una convención de los hombres, entonces toda convención hecha por una comunidad de hablantes será la más efectiva para esa comunidad en particular. Si por otra parte la función del lenguaje es reflejar una lógica....
A.A.V.V. Diccionario de Literatura Cubana. Tomo II, Ed. Letras Cubas, La Habana, 1980.
Alpízar Castillo, Rodolfo. “Los estudios de la sintaxis del español en Cuba”, Apuntes para la historia de la lingüística en Cuba. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1989. pp. 102-142.
Álvarez Álvarez, Luis. “Félix Varela: criterios lingüísticos”, Revista Universidad de la Habana, No. 207, enero-mayo de 1978. pp. 133-141.
Dubed Echevarría, Mercedes. “La lingüística cubana en la primera mitad del siglo XIX”, Revista Universidad de la Habana, No. 217, junio-julio, 1982. pp. 14-37.
Dueñas, Joaquín. Tratado de gramática castellana. Imprenta del Tiempo, La Habana, 1855-60.
Locke, John. Ensayo sobre el entendimiento humano. 2. vols, Editora Nacional, Madrid, 1980.
Platón. Cratilo. Ed. UNAM, México D.F., 1988.
Reyes, Juan Justo. Principios analíticos de la gramática general aplicados a la lengua castellana. Imprenta de R. Oliva. La Habana, 1838.
Varela, Félix. Miscelánea
filosófica. Ed. Pueblo
y Educación, La Habana, 1992.
Varela, Félix y Joaquín de Pluma. “Informe de los presbíteros D. Joaquín Pluma y D. Félix Varela, sobre la contestación que el presbítero D. Gabriel Laguardia ha dado a las observaciones sobre su gramática castellana, que presentaron en su anterior informe en cumplimiento del encargo hecho por la sección de educación, a quien ahora nuevamente se dirigen”. Memorias de la Real Sociedad Económica. Oficina del Gobierno y de la Real Sociedad Patriótica, La Habana, 1819.
[1] Álvarez Álvarez, Luis. “Félix Varela: criterios lingüísticos”, Revista Universidad de la Habana, No. 207, enero-mayo de 1978. pp. 133-141.
[2] Idem. pp. 246-247.
[3] “Su interés por la lógica será lo que lo llevará al terreno del lenguaje”. Idem. p. 248.
[4] Idem. pp. 247-248.
[5] Dubed Echevarría, Mercedes. “La lingüística cubana en la primera mitad del siglo XIX”, Revista Universidad de la Habana, No. 217, junio-julio, 1982. pp. 14-37.
[6] Reyes, Juan Justo. Principios analíticos de la gramática general aplicados a la lengua castellana. Imprenta de R. Oliva. La Habana, 1838.
[7] Dubed Echevarría, Mercedes. Op. cit. p. 19.
[8] Idem. p. 20.
[9] Ibem. pp. 20-21.
[10] Dueñas, Joaquín. Tratado de gramática castellana. Imprenta del Tiempo, La Habana, 1855-60.
[11] Dubed Echevarría, Mercedes. Op. cit. p. 24.
[12] Alpízar Castillo, Rodolfo. “Los estudios de la sintaxis del español en Cuba”, Apuntes para la historia de la lingüística en Cuba. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1989. pp. 102-142.
[13] “La denominación, el dar nombre a las cosas, es un instrumento que enseña y que es apto para distinguir la esencia, tal y como la lanzadera separa el tejido.” Platón Cratilo, 388b, UNAM, México 1988, p. 9.
[14] Como el Tractatus de modis significandis seu Gramática Speculativa (Tratado sobre los modos de significar o gramática especulativa), atribuido durante algún tiempo a Juan Duns Escoto y obra, en realidad, de Tomás de Erfurt, sobre la que Heidegger escribió La doctrina de las categorías y del significado en Duns Escoto (1915), trabajo que le facultaba para la libre docencia en la universidad de Friburgo.
[15] “Dios, habiendo decidido que el hombre
fuera una criatura sociable, lo hizo no solo con la inclinación y la necesidad
de relacionarse con los de su propia especie, sino que además lo dotó de un
lenguaje, que sería su gran instrumento y vínculo común con la sociedad. Por
ello, el hombre tiene por naturaleza sus órganos de tal manera que está en
disposición de emitir sonidos articulados a los que llamamos palabras. Pero
esto no es todavía suficiente para producir el lenguaje, pues los loros, y
otros pájaros, pueden ser adiestrados para que produzcan sonidos articulados
diferentes, y, sin embargo, esto no quiere decir que estén en posesión del
lenguaje.
Por tanto, además de esos sonidos articulados se hizo necesario que el hombre fuera capaz de usarlos como signos de concepciones internas; y que estos sonidos se pudieran establecer como señales de las ideas alojadas en su mente de tal manera que los pensamientos de las mentes de los hombres se comunicaran de unas a otras.” J. Locke. Ensayo sobre el entendimiento humano, libro III, 1-2, 2. vols, Editora Nacional, Madrid 1980, vol. 2, pp. 605-606.
[16] Ensayo sobre el entendimiento humano, l.2, cap. 23, n. 2 (Editora Nacional, Madrid 1980, vol.1, p. 434-435).
[17] Ensayo sobre el entendimiento humano, cap. VI, § 1-2 (FCE, México 1992, p. 430-431).
[19] Pluma, Joaquín de y Félix Varela. “Informe de los presbíteros D. Joaquín Pluma y D. Félix Varela, sobre la contestación que el presbítero D. Gabriel Laguardia ha dado a las observaciones sobre su gramática castellana, que presentaron en su anterior informe en cumplimiento del encargo hecho por la sección de educación, a quien ahora nuevamente se dirigen”. Memorias de la Real Sociedad Económica, Oficina del Gobierno y de la Real Sociedad Patriótica, La Habana, 1819. p. 274.
[20] p. 27.
[21] pp. 25-26.
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