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Por
Amauri Francisco Gutiérrez Coto (Ciudad de La Habana, 1974)
Lic.
en Letras por la Universidad de la Habana
MS. en
Comunicación Social por la Universidad Iberoamericana, México
Postgrado
Internacional para Profesionales del Español AECI-Madrid
Miembro de la Asociación Hermanos Saíz
Es necesario precisar que este autor no tiene un punto de partida realista de base aristotélico-tomista, así que su postura entraña este presupuesto. Desde la limitación de su fundamento filosófico, fue bastante lejos. Al afirmar que “no podemos introducirnos en el seno de los objetos en sí eliminando nuestra propia persona”[1] se pone en una postura gnoseológica kantiana muy limitada. Frondizi frente a un problema axiológico tradicional, por ejemplo, si los valores son objetivos o subjetivos, trata de proponer otra manera diferente de la clásica mediante la cual se aborda habitualmente esa cuestión.
Las interrogantes clásicas son:
La solución a estos problemas requiere de plantear nuevas problemáticas porque las disputas sobre los problemas clásicos “no tiene trazas de acabar”[2] y porque “tampoco se pone fin (...) al decidirse por una u otra posición”[3].
Él dice que el valor es el resultado de una tensión entre el sujeto y el objeto y que por ello tiene una cara subjetiva y otra objetiva. Este presupuesto supone las nuevas problemáticas que él propone:
El término naturaleza no lo usa el autor en un sentido aristotélico-tomista sino como sinónimo del término “características”. Si buscáramos una traducción a la terminología aristotélico-tomista podríamos decir “la naturaleza subjetiva del valor” se corresponde con “los accidentes del valor” y “la naturaleza objetiva del valor” se corresponde con “la sustancia del valor”. No obstante la diferencia de terminología no es solo eso, supone también un descuido de los fundamentos ontológicos del valor.
Estas interrogantes que él se plantea suponen una interesante reflexión sobre la relación que existe entre jerarquía y naturaleza del valor. La naturaleza subjetiva del valor nadie la discute porque es evidente pero su naturaleza objetiva no le queda a todos muy clara, por ello Frondizi se preocupa por dejarla clara:
“El valor ético tiene una fuerza impositiva que nos obliga a reconocerlo aun contra nuestros deseos, tendencias e intereses personales. Al menos parece evidente que el ingrediente de objetividad es, en este caso, mucho mayor que en la estimación de lo agradable”[4].
Es decir, para él, lo objetivo del valor es aquello que tenemos que “reconocerlo contra nuestros deseos, tendencias e intereses personales” porque se impone por sí mismo.
Plantea una relación entre el valor y la situación que no es más que otro rostro del relativismo y del subjetivismo. Afirma que “la presencia del objeto es indispensable para que exista valoración”[5], lo cual es falso porque el hombre puede hacer valoraciones independientes de un objeto concreto como él lo plantea.
Por otra parte añade que “la naturaleza del valor se altera por razones de carácter individual”[6], suponemos que se refiere a la naturaleza subjetiva (o accidental según nuestra terminología) porque la naturaleza objetiva (sustancia según nuestra terminología) no varía lo que varía es la valoración de ella.
La distinción aristotélico-tomista que renombra entra en contradicción flagrante con su postura epistemológica que al no ser realista le permite afirmar: “Hablamos de la cerveza como si existiera en tanto esencia inmutable, pero no es así”[7]. Entonces su redescubrimiento de las verdades de Santo Tomás de Aquino se vuelven nada porque no encuentran un sustento auténtico.
Hay valores creados por el sujeto y valores por su propia consistencia ontológica, en mi opinión solo estos últimos merecen ser llamados con plena propiedad como valores. El primer tipo de valor, que yo prefiero llamar impropio, sería el éxito de venta de una novela que se vende a causa de la campaña propagandística desatada por los editores de un escritor suicida que deja una obra de escaso valor literario. El segundo tipo de valor, el auténtico, sería la novela de un escritor desconocido que aparece considerada como obra capital de la historia literaria por sus valores.
El valor propiamente dicho es objetivo y la relación con él siempre es subjetiva, incluso en aquellos casos en los nos relacionamos con un valor objetivo o auténtico. Por ejemplo, sabemos que una medicina es buena y decimos que nos hace daño aunque realmente eso no ocurra.
El valor le plantea al hombre una cuestión ética que no solo es la del discernimiento del valor objetivo; plantea, además, la cuestión de adquirir conciencia de que no nos podemos relacionar subjetivamente con un valor objetivo con el propósito de hacerlo relativo. El valor auténtico se impone no solo por una fuerza de su ser sino por la fuerza de la razón.
En el caso de la cerveza, no podemos conocer el valor objetivo de la cerveza como el de un medicamento por ejemplo, entonces no es que el valor se haga subjetivo sino que no lo conocemos. Un caso diferente es el del autor y los éxitos de venta donde el valor sí es creado por la subjetividad.
Mi propuesta se reduce a una clasificación:
Esta escala de clasificación de los valores de acuerdo con su grado de objetividad-conocimiento nos permite establecer una jerarquía en relación más clara teniendo en cuenta la objetividad y los constitutivos del ente (lo sustancial y lo accidental).
[1] RISIERI FRONDIZI, ¿Qué son los valores? Introducción a la axiología. Ed. F.C.E., México, 1958. p. 31.
[2] Idem, p. 25.
[3] Ibidem.
[4] Idem, p. 27.
[5] Idem, p. 125.
[6] Idem, p. 127.
[7] Idem, p. 125.
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