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SANTA TERESA DE JESÚS Y LA DIMENSIÓN ECLESIOLÓGICA DE LA EUCARISTÍA, NEXOS CON LA POSTURA DEL CONCILIO VATICANO II Y  BREVE HISTORIA DE LA CONCRECIÓN EN CUBA DE ESTAS PROPUESTAS TERESIANAS.

 

Por Amauri Francisco Gutiérrez Coto (Ciudad de La Habana, 1974)

Lic. en Letras por la Universidad de la Habana

MS. en Comunicación Social por la Universidad Iberoamericana, México

Postgrado Internacional para Profesionales del Español AECI-Madrid

Miembro de la Asociación Hermanos Saíz

 

1.      La Constitución Dogmática Lumen Genitum del Concilio Vaticano II y la Eucaristía.

¿Cuál es la postura del Vaticano II sobre los sacramentos?¿Por qué es importante para nosotros los cristianos de hoy preguntarle al Vaticano II cuando queremos conocer algo de nuestra fe?

 “Los católicos debemos hacer nuestras las conclusiones del Concilio, buscar la mejor interpretación de ellas, y sus posibles y más convenientes aplicaciones”. Revolucionó toda la vida de la Iglesia. La más alta expresión de la colegialidad.

¿Recuerdan la canción de entrada de las misas catedralicias que dice: “pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios”? ¿De donde surge la expresión “sacerdocio común”? ¿Si todo el Pueblo de Dios es Pueblo Sacerdotal, entonces qué diferencia existe entre los files y los ministros del sacerdocio? La expresión teológica de “sacerdocio común” surge de una necesidad de salvar el abismo que, según las críticas de Lutero, se abría entre el clero y los laicos, por eso el Vaticano II hace énfasis en distinguir el sacerdocio ministerial del sacerdocio general o común.¿Qué entendemos específicamente por sacerdocio común?

“...por medio de todas las obras del hombre cristiano ofrezcan sacrificios y anuncien las maravillas de quien los llamó de las tinieblas a la luz admirable”.

¿Cómo ejercer eficazmente lo que el Vaticano II llama “sacerdocio común”? Pues a través de los sacramentos. ¿Cómo la eucaristía nos permite ejercer nuestro sacerdocio común?

“Al participar del sacrificio eucarístico, fuente y cima de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y a sí mismos con ella. De este modo, tanto por el ofrecimiento como por la sagrada comunión, todos realizan su función propia en la acción litúrgica, pero no todos de la misma manera, sino cada uno en la forma que le es propia. Alimentados en la sagrada eucaristía con el Cuerpo de Cristo, muestran de manera concreta la unidad del Pueblo de Dios, que este Santísimo Sacramento significa tan perfectamente y realiza tan maravillosamente.”

Es decir “al participar del sacrificio eucarístico” nosotros mostramos “de manera concreta la unidad del Pueblo de Dios” porque este sacramento “significa tan perfectamente y realiza tan maravillosamente” “la unidad del Pueblo de Dios”.

2.      Nexos entre la propuesta del Vaticano II y la espiritualidad eucarística teresiana.

¿Tiene algo que ver lo que nos dice el Vaticano II sobre la dimensión eclesiológica de la eucaristía y lo que le dice la Santa Madre Teresa de Jesús a sus hijos y a las comunidades que ellos dirigen? Eso que dice el Vaticano II no es algo externo a nuestra espiritualidad. Todo lo contrario es un punto esencial de la espiritualidad eucarística teresiana. Vamos a preguntarnos específicamente: ¿Cuáles son esos nexos de esta dimensión eclesiológica del sacramento de la eucaristía que subraya la Constitución Dogmática Lumen Genitum del Vaticano II con la espiritualidad teresiana?

Antes de dar respuesta a la interrogante que nos planteamos es preciso esclarecer el fuerte fundamento eclesiológico que tiene la reforma teresiana para comprender de dónde le viene lo eclesial a lo eucarístico teresiano.

La motivación de la Reforma Teresiana es de un carácter profundamente eclesial. Los daños que la ruptura de la comunión de la Iglesia frente al fenómeno del protestantismo la conmueve profundamente. No hay más que revisar los primeros tres capítulos de su Camino de Perfección que es la auténtica legislación teresiana para percatarnos de que esa motivación adquiere en ella dimensiones de finalidad. La solución a esta situación no debe ser militar sino eclesial y así lo expresa la Santa Madre. La solución debe darse en un andar (“caminar”) hacia la santidad (“perfección”) de la Iglesia a través de un empeño de ser buenos amigos del Señor.

Es necesario hacer la salvedad de que la Reforma tenía otra motivación que tuvo carácter de finalidad también protagónica que es el crecimiento de la persona hacia la unión con Dios. La motivación-finalidad de la Contrarreforma tuvo para la Santa Madre un doble carácter: el eclesial y el personal. Sobre este último no me detendré porque supongo que el P. Marciano lo hará.

Frente a este ideal las limitaciones de una mujer son pocas, ¿cómo puede ella que es “mujer y ruin” ofrecer soluciones?. Es por eso que la Santa se atreve a decir: “Veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujer”[1]. Frente a su imposibilidad de hacer quizás algo más, ella propone tenerle fidelidad al propio compromiso vocacional. A pesar de la pluralidad de vocaciones que vive cada cristiano, recordemos la expresión sobre este punto tan famosa de Santa Teresita del Niño Jesús, ella compartía con todos nosotros una vocación muy específica por el hecho de ser bautizados: la vocación del sacerdocio común, como la llama el Vaticano II. No podemos vivir el resto como Santa Teresa porque solo compartimos con ella esta vocación dentro de la Iglesia.

La doctrina teresiana de la oración subraya su valor apostólico (es decir, la oración como servicio) y su valor eclesial (es decir, la oración como servicio a la Iglesia que lo necesitaba en estas circunstancias).

La una de las diferencias fundamentales entre la espiritualidad calzada y la descalza, es decir, entre Santa Teresa y la antigua Orden del Carmen de la que después se separó la Santa, es el cristocentrismo de la Reforma Teresiana frente al mariocentrismo de los calzados. “Determinaos, hermanas, que venís a morir por Cristo”[2] (nexos con la espiritualidad del martirio) Opción radical por la persona de Cristo. “Determinada determinación...”(no recuerdo la cita).

¿De qué manera se expresa la especificidad del cristocentrismo teresiano? La postura teresiana sobre la humanidad de Cristo en la vida espiritual concretada en los dos capítulos: V. 22, M. VI, 7.

La reflexión en la Humanidad de Cristo nos hace comprender: la aceptación serena de nuestra condición humana, “no somos ángeles”, por eso nuestro gozo en la contemplación de Cristo en los momentos de debilidad. Padre, si se puede aparta de mí este cáliz. Este punto nos ayuda a imitarle y saber cómo movernos en nuestra debilidad.

El sacramento de la Humanidad Sagrada es la Eucaristía. En una época en que la eucaristía era profanada por los protestantes. Cuando era profanado el Cuerpo del Señor ella lo sentía como en su propio cuerpo, recuérdese la metáfora paulina de la Iglesia como una parte del cuerpo de Cristo que sin dudas llevó a Teresa a estas reflexiones. A la Santa le daba mucho gozo que se abrieran templos para adorar al Santísimo Sacramento en una época en que se cerraban tantos. “Nunca dejé fundación alguna por miedo al trabajo...considerando que en aquella casa se había de alabar al Señor y haber Santísimo Sacramento. Esto es particular consuelo para mí, ver una Iglesia más, cuando me acuerdo de las muchas que quitan los luteranos” (F.18, 5). La fe vivísima en la Eucaristía la declara en:

Habíale dado el Señor tan viva fe que cuando oía a algunas personas decir que quisieran ser en el tiempo en que andaba Cristo nuestro bien en el mundo, se reía entre sí, pareciéndole tan verdaderamente en el Santísimo Sacramento como entonces, que ¿Qué más se le daba?” (C. 34, 6).

“Harta misericordia nos hace a todos que quiero su Majestad entendamos que es Él el que está en el Santísimo Sacramento” (C. 34, 13).

El fuerte énfasis de Santa Teresa en lo comunitario, es una profunda propuesta eclesial frente a aquel momento y es una manera de hacer comunión con toda la Iglesia en un contexto en el que esta se hallaba resquebrajada fue vivir la eucaristía como momento y fuente de comunión eclesial.

Entre todas las dimensiones que tuvo la Eucaristía para la Santa Madre está esa mediante la cual ella vio en este sacramento un medio para sentirse indisolublemente unida a la Iglesia, es decir, en comunión con la Iglesia como respuesta a una circunstancia de profunda crisis eclesial. Fue una de las maneras mediante la cual ella buscó vivir su sacerdocio común, es decir su vocación al sacerdocio. La relación entre eucaristía y comunión eclesial queda clara cuando dice: “Tengo por peligroso este camino y que podría el demonio venir ha hacer perder la devoción con el Santísimo Sacramento”. (M IV. 7, 14) Perder la devoción significa alejarse de Cristo y, por supuesto, de su Iglesia. Al comulgar nos ponemos en comunión con toda la Iglesia y cumplimos con nuestro sacerdocio común, cada vez que comulgamos, nos ponemos en sintonía por la unidad de la Iglesia. Este punto de la doctrina teresiana vino a tomar cuerpo “oficial” con el Vaticano II. Como vemos Lutero está en la génesis de la reflexión sobre el sacerdocio común y en la génesis de la eclesialidad teresiana, ambas posturas tienen una sintonía doctrinal.

Hoy día la Iglesia enfrenta nuevos desafíos y algunos incluso atenta contra la unidad y, más que contra la unidad contra la comunión. La eucaristía es un acto comunitario, un compartir, un espacio de comunicación en Cristo con toda la Iglesia.

3.      Los carmelitas teresianos en Cuba y la Eucaristía.

 

Consecuencias de estos presupuestos de éxito pastoral para la aceptación por parte de la Orden de las ideas avanzadas del P. José Vicente de Santa Teresa que marca la primera revolución interna de la Orden en Cuba.

Paréntesis sobre la situación de la presencia de la Orden alrededor de los dos primeros congresos eucarísticos. Relación de este inicio de los estudios de espiritualidad con los congresos eucarísticos, cuál era la situación de las prácticas sacramentales dentro de la Iglesia Cubana. Los carmelitas dentro de los congresos eucarísticos: en el de 1919 y en el de 1947. Obispo que convoca al primero Terciario Carmelita, opiniones compartidas de la política sacramental, posible influencia de las ideas carmelitanas sobre los sacramentos en este primer obispo. A pesar de ser política del Magisterio no todos los sacerdotes del clero secular al parecer por las ponencias estaban de acuerdo con ello. Recordar 1923 como fecha donde se propone por primera vez a Sta. Teresa como Doctora de la Iglesia. Buscar fecha del doctorado de San Juan de la Cruz. Carta Pastoral de Valentín Zubizarreta sobre el Congreso Eucarístico Diocesano de Santiago en 1936, Coronación de la Virgen en el contexto de un Congreso Eucarístico.

 



[1] CE. 4,1. Nota.

[2] CV. 10,5.


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