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LOS TRANSTERRADOS EN
Prof. AMAURI FRANCISCO GUTIÉRREZ COTO
(Universidad Pedagógica "Enrique
José Varona"
y Centro Educativo Español de
y Prof. SOLANGEL BUENO COTO
(Instituto Cervantes, Beirut).
1.- ESPUELA DE PLATA: DEL MAJÁ A LA
SIERPE.
2.-
LA CULTURA MINORISTA A LOS OJOS DE ARDÉVOL.
3.- JUANRAMONIZACIÓN DE LA CULTURA
CUBANA.
4.- LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA Y LA
GENERACIÓN LITERARIA POST-AVANCISTA.
5.- LA LITERATURA Y EL PENSAMIENTO
HISPÁNICOS EN ESPUELA DE PLATA.
1.- ESPUELA DE PLATA: DEL MAJÁ A
Esta publicación recogió colaboraciones inéditas de los más
destacados poetas y pensadores españoles de la primera mitad del siglo XX y de
un conjunto de autores cubanos de talla internacional también aparecen
vinculados a ella (Ramón Guirao, Mariano Brull, Emilio Ballagas, Eugenio
Florit, Enrique Labrador Ruiz). Tiene además la revista un monumental valor
tipográfico. Recuérdese la labor de Manuel Altolaguirre, quien fuera el
impresor más conocido de
La literatura hispánica sufrió un cisma entre la poética de
Juan Ramón Jiménez y la de los poetas de
La revista Espuela de Plata fue dirigida por José Lezama Lima, Guy Pérez de Cisneros y Mariano Rodríguez. No obstante, en el último número, aparece, además, Pbro. Ángel Gaztelu. Lo cual nos inclina necesariamente a preguntarnos hasta dónde la orientación católica de este poeta iba a tener un peso en las decisiones editoriales y en la proyección futura de ella. La lista de los que aconsejan varió mucho más y los cambios fueron, según se puede deducir de las afirmaciones de Vitier, un poco arbitrarios[4].
No fue acaso este salto un paso decisivo en el paso de Espuela de Plata a Nadie Parecía, Clavileño y Poeta[5] como manifestaciones de ciertas tendencias encontradas. Esta ruptura fue, sin dudas, una manifestación de las contradicciones existentes entre Virgilio Piñera y Gastón Baquero que hallaron su forma definitiva en Poeta y Clavileño respectivamente. Gaztelu y Lezama se mantuvieron juntos, acaso esta comunidad entre tanta fragmentación no es signo incuestionable de una proximidad que va más allá de lo que hasta ahora se ha considerado. ¡Cuánta comunidad de espíritu no hay tras el prólogo de Lezama a Gradual de Laudes! Por cierto, este texto ha sido considerado por muchos, dado lo extremoso de su elogio, como una burla. La separación de Baquero en Clavileño[6] fue relativamente efímera ya que cesó un año antes que Nadie Parecía[7] que incorporó a todos los escritores de la primera. Posteriormente, durante un año ambas revistas fueron hasta la aparición de Orígenes. Entre estas dos últimas revistas literarias Fina García Marruz señala ciertas diferencias:
"Nosotros no teníamos ambición literaria. Hacíamos Clavileño casi sin enviárselo a nadie. [...] Lezama era otra cosa. Tenía otros amigos con quienes compartía una cultura mayor, revistas en que proponía renovar el medio y se hablaba de una 'dignificación de la ciudad'. Él sí tenía el decoro de una ambición, el impulso de hacer 'algo grande de veras'."[8]
Existía, por tanto, una intención bien distinta entre Clavileño y Nadie Parecía. Ahí radicaba el carácter programático del grupo en esa inquietud y ese deseo lezamiano que trazó las líneas futuras del grupo.
Retomando el tema de la inclusión de Gaztelu entre los directores de la revista. El autor de La carne de René en una carta escrita a Lezama a raíz de los cambios introducidos en el penúltimo número de Espuela de Plata[9] y que sería el augurio de los cambios definitivos entre los que aconsejaban y dirigían; define el carácter militante que le atribuían sus directores (José Lezama Lima, Guy Pérez de Cisneros y Mariano Rodríguez):
“He tenido que
soportar que este mismo maniqueo, con un impudor e insinceridad que eran de
esperarse por su misma condición maniqueísta, me comunicase como un gran
descubrimiento que Espuela de Plata era una revista católica y que se había
tomado el acuerdo de elegir al buen presbítero porque todos ustedes (ustedes son
el poeta el pintor y él) eran católicos, no ya solo en el sentido universal del
término, sino como cuestión dogmática de grupo religioso, que se inspira en las
enseñanzas de
La tríada integrada por “el poeta, el pintor y él” de la que habla Piñera se refiere obviamente a los tres directores de la revista. Por tanto, “él” es el personaje con el que el autor de Las Furias tiene un verdadero enfrentamiento, fue este quien marcó el carácter católico de la publicación. Descartado el poeta que era José Lezama Lima y el pintor que era Mariano Rodríguez, solo nos queda Guy Pérez de Cisneros. No obstante, Vitier, en una revisión tangencial que hace del problema, habla de un enfrentamiento entre Piñera y Baquero, lo cual tiene mucha lógica si se observan los rumbos editoriales que siguieron estos dos escritores después de Espuela de Plata. Además, el juicio de un individuo involucrado en tales menesteres nos merece en mayor crédito. El autor de Peña Pobre nos dice al respecto:
“Por uno de esos avatares, en el que no tuve participación personal y cuya causa concreta desconozco hasta el día de hoy, mi nombre desapareció de los que supuestamente aconsejaban, en el último número de Espuela de Plata (…) Quizá la tensión creada por las discrepancias surgidas con Baquero y Piñera hizo pensar a Lezama que nosotros –quiero decir los más jóvenes de entonces, Eliseo Diego, Fina García Marruz y yo, que todavía no éramos sus amigos- cerrábamos filas con alguna facción de sus reales o supuestos enemigos”.[11]
Tal parece que, tanto Baquero como Pérez de Cisneros, tuvieron enfrentamientos con Piñera a causa del credo religioso de los primeros. Los detalles de esta trifulca seguramente ya no los conoceremos y tampoco nos parece que aportarían mucho a la compresión actual de este fenómeno tan decisivo en el trayecto identitario del grupo de poetas creyentes origenistas.
Independientemente de la cuestión de si Espuela de Plata era tan dogmática y militante, asunto que, según parece, no queda muy claro, lo que sí no se puede poner en duda es que los directores de ella se percibían a sí mismos como católicos. No parece que haya ninguna intención por parte de los intelectuales involucrados en esa publicación de asumir su fe como un aspecto de snob, no obstante Piñera no opinaba así:
“Así expresado creo
más en una cuestión de catoliquería que de catolicidad y esto porque
catoliquería significa lo mismo que alcahuetería o sanguinolenta disentería de
unas pobres palabras.”[12]
Téngase en cuenta, además, que la postura de Virgilio Piñera hacia la catolicidad no era muy hostil, a pesar de su credo ideológico y su manera de ver el mundo, incluida su sexualidad. Por ello, trata de dejar clara su postura al respecto y acepta humildemente un lugar dentro de un grupo en el cual evidentemente queda marginado; aparece aquí la literatura marginal al grupo de poetas creyentes que posteriormente serán llamados origenistas:
“…y no niego la virtud
católica, y si ciertamente Espuela
fuera así catoliquísima, creería que era bella fortitudo que la enaltecía. Lo
que niego son tales bautizos trasnochados y tales simbolismos porque sí.
Yo no soy católico al
uso católico para ocultar lo repugnante de ciertos concilios, pero amo Espuela de Plata como para salvaguardar
y contribuir a su preciosa salud. Por ella me quedo en ella, con mis derechos
por trabajo y amor a sostener la posición de aconsejador de ella misma.”[13]
Este período, que precedió a esta última revista y que parte del fin de Espuela de Plata, es sumamente significativo para comprender las diferencias que existen entre los poetas creyentes y el resto de aquellos cuya obra se articula en lo fundamental a partir de sus relaciones con el núcleo primario. Los criterios que procedan de esta indagación nos pueden ser útiles para delinear una identidad más nítida de los poetas creyentes y, al mismo tiempo, a partir de esas directrices podremos restarle a Orígenes lo que procede de Rodríguez Feo. Estas últimas cuestiones suelen distorsionar la imagen que de los poetas creyentes tiene la historia literaria y relegan a un segundo plano el papel que ha tenido la fe cristiana dentro de la configuración esos escritores.
Los artículos publicados en Espuela de Plata a
los que se les puede reconocer un valor programático más claro son "Razón
que sea"[14] y "Nota de
recorrido"[15]. En el primero de estos
textos, ya se anuncia la inquietud por una estética insular cuyo antecedente lo
podemos situar en el Coloquio con Juan Ramón Jiménez, esa idea de castración de
la cultura como se capa un caballo para colocar algo tan romántico como una
rosa, que idea tan distinta de la fecundidad artística. Entre los temas que
quisieron resaltar están sobre todo tópicos de carácter religioso: la
resurrección cristiana y la doctrina de la gracia por ejemplo. La frase de
mayor valor programático en toda la revista, nos atreveríamos a afirmar que es
ese ir "del majá a la sierpe". El primer término de esta última
proposición puede ser tomado como representativo del lenguaje de origen
Antillano, folklórico, incluso podríamos decir que busca el criollismo y la
autoctonía al estilo minorista, incluso se podría tomar como la queja de Pérez
de Cisneros acerca del estado de la cultura nacional que anda inmerso en una
holgazanería para leerlo a partir del sentido figurado que se le asigna en Cuba.
También este término lo podría haber usado en el sentido de la especie de
reptil cubano que designa. En cambio, la sierpe es una forma más elegante de
referirse a las serpientes y en sentido figurado significa algo que se mueve
dando rodeos. Con este último término, se pretende para dar paso a un discurso
enraizado en la más pura tradición hispánica. Recuérdese la sierpe gongorina[16] de la que ha escrito
ampliamente Lezama y téngase presente, además, que el autor de Las
Soledades fue rescatado del olvido precisamente por
La "Nota de recorrido" se complace con las frases de elogio de Juan Ramón Jiménez y de Pedro Salinas, al mismo tiempo, precisa su intención de mantenerse al margen de las esferas oficiales de la cultura[17]. Si el hombre minorista fue un comprometido con la vida política, el creador origenista trata de mantenerse al margen de ella. Ahí radica una de las diferencias esenciales entre una promoción intelectual y la otra. Por último, es necesario subrayar otro acento de reminiscencias hispánicas. Los directores de Espuela de Plata se quieren situar "dentro de la gran tradición del silencio que se realiza"[18]. Esa misma línea profética del artista que María Zambrano delinea en ese número de esta revista literaria como se verá más adelante. Cono es posible apreciar, lo hispánico con su gusto y comentario legitima la calidad y también traza certezas que se comparten.
Ya en el
primer número de Espuela de Plata, apareció un artículo de José Ardévol llamado “Agua clara en el caracol del oído”[19]. Allí se hace una profunda crítica del arte
minorista continuadora del artículo de Guy Pérez de Cisneros aparecido en Verbum[20]. Estas ideas se radicalizarán con el
“no-entiendo” de Mañach en la polémica que se dio diez años después entre este
último y Lezama, Vitier, Ortega y Millor Díaz en las páginas de Bohemia,
Prensa
Libre y el Diario de la Marina[21].
Ardévol se
centra en establecer una distinción clara entre el arte popular y el “arte para
el turismo”, al igual que lo hizo años antes el crítico de arte de más
destacado de la promoción intelectual post-avancista, Pérez de Cisneros, en su
artículo "Presencia de 8
pintores"[22]. Esta taxonomía permite salvar la sana
expresión espontánea de un pueblo de aquella que se elabora para ser vendida al
extranjero, de aquella expresión cultural que se vuelve esclava del mercado que
la consume. Recuérdese que el tercer punto del programa de Pérez de Cisneros se
queja de que Cuba debe dejar de ser un país de un "arte exclusivamente turístico"[23]. No obstante, no se trata de rechazar lo
procedente de lo popular, tachándolo todo de turístico pues Ardévol considera que acercamiento al arte
popular higieniza la alta cultura. Es decir, le trae una savia nueva.
El ideal de
creación artística se simplifica a tratar de como los creadores antiguos. El
arte nuevo consiste en eso. Esta reflexión de Ardévol será retomada y recreada
por María Zambrano[24] en el último número de Espuela
de Plata, lo cual verifica la procedencia hispánica de este postulado
que tanto caló en los escritores origenistas.
La vieja
contradicción entre lo universal y lo regional en el caso de la cultura
americana adquiere tintes de discurso sobre la identidad. Es un problema que
otras latitudes culturales no se plantean ya sea porque tiene poca pertinencia
o porque su discurso identitario de delimita por sí mismo. Frente a esta
disyuntiva Ardévol opta por el arte eterno[25]. Trata de romper con la
falsa dicotomía entre lo universal y lo particular. Si
"En
estos días he oído en
Es lógico
que tanto Juan Ramón como Ardévol sean partidarios de ese universalismo de la
cultura. Ellos proceden de Europa y recibieron el golpe cercano de los efectos
de las ideologías racistas del nacionalsocialismo alemán en la cultura. Todo
intento de relación entre raza y cultura, entre regionalismo y cultura les
suena sospechoso de fascismo en esas circunstancias históricas, a pesar de que
la historia de nuestras letras ha demostrado que su temor era infundado. La
solución universalista fue abrazada a la larga por Lezama Lima y sus cofrades[28]. No obstante, la
resistencia de los intelectuales españoles exiliados frente a ese ideal de
discurso artístico tuvo un efecto concreto en la literatura cubana. Este último
punto suele ser pasado por alto por los especialistas.
Ardévol
reconoce el poder higiénico del arte afrocubano, es decir, cuanto bien hizo
para sacar a las letras cubanas de un modernismo anquilosado y vetusto. El arte
afrocubano del minorismo fue quien posibilitó y él lo reconoce el alejamiento
de la preferencia del gusto estético por el arte sensiblero y decadente al modo
de un Hilarión Cabrisas por solo citar un ejemplo representativo. El error
estuvo en ver a lo afrocubano como la única solución posible a la renovación
del arte cubano. También reconoce que las circunstancias históricas que
provocaron la aparición y el apogeo del arte afrocubano ya hacia 1939 habían
desaparecido. Para él, lo afrocubano no tiene futuro, está en un callejón sin
salida, pues es muy difícil que pueda mejorar los textos ya publicados. En
resumen, se trata de un fenómeno temporal y de vida efímera.
Fue el mismo Juan Ramón Jiménez quien prácticamente inició y
terminó la comunidad de escritores creyentes de Orígenes. Es justo recordar el peso que tuvieron en
configuración de la identidad del grupo sucesos como: la antología La poesía cubana de 1936, el Coloquio con Juan Ramón Jiménez de
Lezama Lima, la mano del autor de Platero
y yo en la selección y acabado final de primer poemario de Cintio
Vitier, el Festival de
De toda la
pléyade de intelectuales españoles que pasaron por Cuba solo se le han dedicado
monografías de esta etapa en la isla a dos de ellos: Juan Ramón Jiménez[29]
y Federico García Lorca[30].
El valor de ambos para las letras hispánicas es innegable. Juan Ramón como ya
se ha apuntado tuvo un papel decisivo en la configuración del grupo de poetas
creyentes origenistas y fue el causante de las diferencias que terminaron con
el período apogeo de esta promoción que coincidió con la publicación de la
revista literaria Orígenes.
Entre los colaboradores hispanos, ya aparecían diferencias
que apuntaban a conflictos situados más allá de los límites de lo literario
pero el contexto de
El número doble de la revista Nos. C y D estuvo dedicado íntegramente a la poesía. El texto en prosa que inaugura la publicación se titula "La luz del mundo en la vida"[34]. Allí Juan Ramón se preocupa por la importancia de la luz vista como capacidad epistemológica del hombre para captar cierto conocimiento difuso e inapresable. La luz como metáfora de conocimiento es muy antigua en la cultura occidental. Específicamente dentro de la tradición cristiana, adquiere un profundo significado espiritual. Las referencias neotestamentarias a la luz en este sentido abundan sobremanera. La raíz cristiana de Juan Ramón es evidente y por tanto la luz en su texto debe ser tomada cono una reminiscencia a su sentido cristológico.
Lo significativo de esa luz es que es el "don sublime que lo otro le regala al poeta", es lo que el poeta "encara solo", es lo que lo deja quemándose "en el todo sin nada". En fin, el poeta viene a ser ese privilegiado que percibe y se goza con la luz. Aquel que tiene la función en la historia de encararla de darle el frente. Este pequeño texto en prosa define desde una metáfora cristiana la misión gnoseológica del poeta dentro de la sociedad. Se propone aquí sutilmente la nueva antropología del artista que explicitarán después otros ensayos y autores con posterioridad.
Los
filósofos José Ferrater Mora y María Zambrano representan dos de las tendencias
más destacadas del pensamiento hispánico del siglo XX:
Con solo 28
años, un libro publicado y algunos artículos dispersos en revistas arribó
Ferrater Mora a
"Yo soy una persona muy adaptable a la que le
importan muy poco las diferencias culturales. Cuando llegué a
Por esta razón, decide abandonar Cuba para establecerse por
seis años en Chile. No obstante, a su llegada a
Desde el punto de vista discursivo, este texto lo debemos
valorar desde dos puntos de vista: el valor que tuvo para el pensamiento
español peninsular y el eco que tuvo en las ideas estéticas de los poetas que
marcaron el cambio de la lírica en los años cuarenta en lengua española. En
este artículo que comentamos, el problema medieval de la distinción entre la
filosofía y la religión que llevó a los escolásticos a plantearse a la
filosofía como "ancilla theologiae" se actualizó en
Ferrater Mora se hace eco de esta problemática del
pensamiento español peninsular de entonces y aparece en este artículo una
interesante polémica, sin ánimo contestatario y con la intención de ayudar,
entre un pensador del exilio y uno católico que se quedó en España. No se puede
desligar el pensador catalán de lo que ocurre en su tierra lejana, participa de
la polémica de adentro y la apoya a pesar de la diversidad de criterios con su
colega. Por este mecanismo, muchas veces sin mencionar el santo y seña, muchos
de los problemas filosóficos y estéticos que se plantean en
La declaración de independencia entre la filosofía y la religión y la diversidad de métodos no suponen que ambas disciplinas no lleguen a un único fin: la verdad. Recuérdese que al seno de los mismos escritores cubanos que gestaron Espuela de Plata ocurrió una división causada por las diferentes maneras como estos comprendían la función del artista y del arte en la vida.
El artículo de Ferrater Mora que se comenta aquí aborda los
temas clásicos de todo estudio epistemológico: qué es la verdad y cuál su
función. Para el filósofo catalán la verdad es consuelo, seguridad, fecundidad
para la vida. En este punto se aparta del realismo aristotélico-tomista, para
el cual la verdad es la realidad misma. Esta concepción de la verdad lo lleva a
verla como una respuesta discursiva a las necesidades humanas trazadas por
Maslow. Otro de los tópicos que articula el texto es su empeño en distinguir al
filósofo del religioso a partir de lo que busca uno y otro. Este es uno de los
problemas filosóficos más candentes de
No debe extrañarnos, por tanto, la ambición gnoseológica que animo a los escritores marcados por la impronta juanramoniana. Para ellos, la creación fue un auténtico taller de indagación sobre la realidad cuya pretensión final fue hacer una propuesta epistemológica que les permitiera conocer y comprender la realidad, sobre esta ambición habla Vitier en Lo cubano en la poesía:
“Es también la primera
vez que la poesía se convierte en el vehículo de conocimiento absoluto, a
través del cual se intenta llegar a las esencias de la vida, la cultura y la
experiencia religiosa, penetrar poéticamente toda la realidad que seamos capaces
de abarcar.”[44]
La poesía es un punto de partida para la reflexión
filosófica y esta idea la sostiene Ferrater Mora con su práctica discursiva.
Inicia su reflexión partiendo de algunos célebres versos de profundo contenido
espiritual. Va de lo literario a lo filosófico como si los límites entre la
expresión poética y el pensamiento filosófico no existieran. Esta conciencia
prendió muy hondo en los escritores origenistas. Este fue un punto de encuentro
entre el pensador catalán y
Otro de los tópicos centrales de Ferrater Mora en su
artículo es la diferencia que se puede establecer entre el estoicismo y el cristianismo.
Este tópico tenía una enorme vigencia en una Europa en la que se habían dado
los sucesos de Guernica, Hitler y Mussolini firman el Pacto de Acero, se vivió
el horror de
"...elegir entre el cristianismo y el estoicismo.
Pero esta elección se reduce al modo de vivir, a la actitud frente a la vida,
fecunda en el primer caso, inerme en el otro."[46]
Se trata de un estoicismo que ve la injusticia con una necesidad de venganza y de un cristianismo que la ve a la luz de la misericordia. Para el primero el desorden y el caos reinante en la sociedad de entonces tenía su causa fundamental en las pasiones que le nublan al hombre la razón, en cambio, para el segundo la fuente de estos males está en la rebelión contra la voluntad divina. Esta analogía entre las actitudes de los estoicos y los cristianos y las opciones de los hombres de buena voluntad en Europa, tiene muchos puntos débiles. El hombre estoico frente a la obligación por parte de la sociedad de violar el orden natural y establecido de las cosas debe preferir el suicidio. El cristiano por su parte prefiere una forma distinta de reaccionar frente a ese atentado contra el orden de las cosmos, se trata del martirio obviamente. Por lo anterior, la solución del estoico y la solución del cristiano no buscan actuar directamente para restaurar el estado natural de las cosas. Claro el testimonio del martirio tiene un efecto en la conciencia social que no tiene el suicidio.
La anterior disyuntiva lleva a Ferrater Mora, un hombre poco dado a la filiación religiosa, a plantearse la necesidad del filosofo que llega al cristianismo no por la fe sino por el convencimiento personal. Es decir, es algo así como cristiano por convicciones sin ser cristiano de culto. Esta problemática de algunos pensadores contemporáneos llevó a Zubiri a plantear la necesidad de religación del hombre como una exigencia antropológica[47]. Esa fe por convencimiento recuerda mucho la apuesta de Pascal cuyo pensamiento tuvo tan hondas raíces en los poetas creyentes del grupo literario Orígenes. Estas claves filosóficas son imprescindibles para comprender los nexos entre la espiritualidad cristiana y la práctica religiosa de los escritores cubanos cuya identidad de gestó en la revista literaria Espuela de Plata.
En resumen, al menos tres tópicos indispensables que tocan
los postulados estéticos de los escritores que siguieron a
El caso de María Zambrano es muy particular dentro de los transterrados españoles. La etapa habanera en la obra y la vida de esta pensadora trasciende los límites de lo que se podría llamar un exilio para ella fue el hallazgo definitivo de una segunda patria[50].
Para ella, la utopía de la escritura puede presentarse de
dos maneras ya sea como vocación de comunicación o, aunque parezca
contradictorio, como vocación de silencio. Cierta exigencia interior de la
conciencia impulsa al escritor en el acto creativo. Esa llamada del deber se le
puede considerar todo un deontologismo literario. La tradición del silencio
literario se justifica a partir de la realidad de la cual el artista está
llamado a dar testimonio. Recuérdese que esta última palabra tiene un sinónimo
un poco lejano martirio la cual a su vez procede del griego koiné donde
significaba precisamente testimonio. Los cristianos le dieron al término
martirio el sentido de proceso por el cual una persona da la vida
voluntariamente por fe en aquello que cree. El proceso de creación literario
supone una entrega de la vida misma a esa labor, una fe en la misma obra
artística terminada y se requiere voluntad para legitimar ese empeño. Una
voluntad que no tiene que ser necesariamente la del escritor sino la de Dios
que se le impone al hombre. En algunos casos como el de Kafka, el escritor se
rebela contra esa voluntad superior o divina contraria a la suya y que le
impone cierto tipo de testimonio. La conclusión fundamental es que quien rige
el acto de la escritura no es el hombre mismo sino la voluntad de Dios en última
instancia. Los autores sagrados, aquellos que escribieron los libros canónicos
de
La situación actual de Europa es testimoniada de forma perfecta por Kafka y otra vez aquí se el influjo del fascismo y el nacionalsocialismo en el pensamientos de los filósofos transterrados en Cuba como antes lo vimos en Ferrater Mora. También, al igual que este último autor toma la literatura como punto de inicio de su reflexión filosófica lo cual trae consigo las mismas repercusiones gnoseológicas que ya apuntamos anteriormente. Por último, es necesario anotar que ambos filósofos legitiman el cristianismo como fuente y aliento de su reflexión. Estos tres aspectos serían aquellos comunes entre Ferrater Mora y María Zambrano, si se tratara de encontrar a toda costa los puntos convergentes del exilio filosófico español de 1939.
Los hispánico y lo cubano se relacionan más allá de lo que
nos podamos imaginar. Eso llevó al Fernando Ortiz a escribirle a Unamuno que: "...Cuba,
en no pocos aspectos, es más española que España"[51].
Esta emigración de hombres de letras o transterrados, para
tomar prestado el término de José Gaos, es uno de los rasgos que podría
caracterizar el período juanramonista de la cultura cubana, para
usar la expresión acuñada por José María Chacón y Calvo[52]. Publican, además de los
autores ya citados, Juan David García Bacca y Eugenio d'Ors, ambos relacionados
con
Está todavía por trazarse nítidamente el arco de
comunicación que existe entre el magisterio de la filosofía española
contemporánea y lo más sobresaliente del pensamiento latinoamericano actual.
Recuérdense, por ejemplo, a José Gaos y el Grupo Hiperión en México, a Juan
David García Bacca y su influjo en Ecuador y Venezuela, a José Ferrater Mora y
su influencia en Chile y Cuba, a Joaquín Xirau y la creación del Colegio de
México o sus conferencias en
[1]
Gonzalo Santoja. Un poeta español en Cuba, Manuel Altolaguirre: sueños y realidades del
primer impresor del exilio. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1996. Hens
Porras, Antonio. Manuel Altolaguirre en
[2] En la calle 17, No. 258. Actualmente, la edificación es una farmacia, donde estaba la imprenta, y una cuartería, en lo que era la casa del matrimonio de poetas. Espuela de Plata, Nos. C y D, diciembre, enero, febrero y marzo, 1940. (contraportada).
[3]
Cintio Vitier (Comp.) Diez poetas cubanos (1937-1947) Ed.
Orígenes,
[4] Cintio Vitier. “De las cartas que me escribió Lezama” Coloquio Internacional sobre la obra de José Lezama Lima. Ed. Fundamentos, Madrid, 1984. p. 280.
[5] José Lezama Lima, “Recuerdos:
Guy Pérez de Cisneros” en Revista de
[6]
Apareció de agosto de
[7]
Apareció de septiembre de
[8] Fina
García Marruz. La familia de Orígenes. Ed. Unión,
[9] Aparece como aconsejador de la revista el Pbro. Ángel Gaztelu.
[10]
Piñera, Virgilio. “Carta a José Lezama
Lima del
[11] Vitier, Cintio. “De las cartas que me escribió Lezama” Coloquio Internacional sobre la obra de José Lezama Lima. Ed. Fundamentos, Madrid, 1984. p. 280.
[12]
Piñera, Virgilio. “Carta a José Lezama
Lima del
[13]
Piñera, Virgilio. “Carta a José Lezama
Lima del
[14] "Razón que sea". Espuela de Plata. No. 1, agosto-septiembre de 1939. p. 1.
[15] "Nota de recorrido". Espuela de Plata. No. H, agosto de 1941. p. 1.
[16]
Lezama Lima, José. "Sierpe de don Luis de Góngora", Confluencias.
Introducción y selección de Abel Prieto. Ed. Letras Cubanas,
[17] El carácter programático de esta afirmación tiene una fuente anterior en el reclamo de Guy Pérez de Cisneros, hay una línea de continuidad al respecto que es posible trazarla desde primera revista que involucra a algunos escritores del grupo. Allí ya había dicho Pérez de Cisneros: "Nunca el arte cubano, el arte oficial, han estado tan lejos del arte a secas". "Presencia de 8 pintores". Verbum. Año I, No. 1, junio de 1937. p. 60.
[18] "Nota de recorrido". Espuela de Plata. No. H, agosto de 1941. p. 1.
[19] Ardévol, José. “Agua clara en el caracol del oído”. Espuela de Plata. No. A, agosto-septiembre de 1939. pp. 9-10
[20] “La teleología del artista postavancista era definida con claridad en este fundamental artículo: «creación de una patria no geográfica, sino histórica», «búsqueda del centro de gravedad de nuestra cultura y de nuestra economía», «desarrollo de un orgullo patriótico sano, potente, sincero, y de una sensibilidad nacional» y «la fragua de la nacionalidad cubana»” Gutiérrez Coto, Amauri Francisco. "'Verbum' y el proyecto lezamiano para un grupo mayoritario de creyentes". Vitral